Diada del sí

Etiquetas

, , , ,

¡Catalanes! Las fuerzas monárquicas y fascistas que de un tiempo a esta parte pretenden traicionar a la República, han logrado su objetivo y han asaltado el Poder. Los partidos y los hombres que han hecho públicas manifestaciones contra las menguadas libertades de nuestra tierra, y los núcleos políticos que predican constantemente el odio y la guerra a Cataluña constituyen hoy el soporte de las actuales instituciones. (…)

Cataluña enarbola su bandera, llama a todos al cumplimiento del deber y a la obediencia absoluta al Gobierno de la Generalidad, que desde este momento rompe toda relación con las instituciones falseadas. En esta hora solemne, en nombre del pueblo y del Parlamento, el Gobierno que presido asume todas las facultades del Poder en Cataluña, proclama el Estado Catalán de la República Federal Española, y al establecer y fortificar la relación con los dirigentes de la protesta general contra el fascismo, les invita a establecer en Cataluña el gobierno provisional de la República, que hallará en nuestro pueblo catalán el más generoso impulso de fraternidad en el común anhelo de edificar una República Federal libre y magnífica.

Lluis Companys, 6 de octubre de 1934 desde un balcón del Palau de la Generalitat

Anuncios

Maldito Karma

Etiquetas

, ,

El día de mi muerte no tuvo ninguna gracia. Y no sólo porque me muriera. Para ser exactos, eso ocupó como mucho el puesto número seis de los peores momentos del día. En el puesto número cinco se situó el instante en que Lilly me miró con ojos de sueño y me preguntó:
—¿Por qué no te quedas en casa, mamá? ¡Hoy es mi cumpleaños!
Al oír la pregunta, me vino a la cabeza la respuesta siguiente: «Si hace cinco años hubiera sabido que tu cumpleaños y la entrega de los Premios TV coincidirían un día, habría procurado que nacieras antes. ¡Con cesárea!» Pero me limité a decirle a media voz:
—Lo siento, tesoro.
Lilly se mordisqueó la manga del pijama con tristeza y, como yo no podía aguantar más esa mirada, rápidamente añadí la frase mágica que vuelve a poner una sonrisa en cualquier cara infantil triste:
—¿Quieres ver tu regalo de cumpleaños?
Yo aún no lo había visto. Se tuvo que encargar Alex, porque yo, con tanto trabajo, hacía meses que no iba a comprar a ningún sitio. Tampoco lo echaba de menos. No había nada que me pusiera más nerviosa que perder un tiempo precioso en la cola del supermercado. Y las cosas hermosas de la vida, desde ropa hasta zapatos y productos de cosmética, no me hacía falta ir a comprarlas. Me las suministraban amablemente las mejores marcas por ser Kim Lange, la presentadora del programa de televisión de debates más importante de Alemania. La revista Gala me incluía entre las «mujeres mejor vestidas que rondaban los treinta», en tanto que otra gran revista de prensa rosa me definía menos halagadoramente como una «castaña regordeta con cartucheras». Me querellé contra la revista porque yo había prohibido publicar fotos de mi familia.
—Aquí tenemos a una preciosa mujercita que quiere su regalo —grité desde casa.
Y desde el jardín llegó el eco de una respuesta:
—¡Pues esa preciosa mujercita tendrá que venir aquí!
Cogí de la mano a mi emocionada hija y le dije:
—Anda, ponte las zapatillas.
—No quiero ponérmelas —protestó Lilly.
—¡Te vas a resfriar! —advertí.
Pero ella se limitó a contestar:
—Pues ayer no me resfrié. Y tampoco llevaba zapatillas.

David Safier en Maldito Karma, 2007

Gracias y desgracias del ojo del culo

Etiquetas

, ,

Lo otro, su vecindad, es sin comparación mejor, pues anda siempre, en hombres y mujeres, vecino de los miembros genitales; y así se prueba que es bueno, según aquel refrán: Dime con quien andas, te diré quien eres. El se acredita mejor con la vecindad y compañía que tiene que no los ojos de la cara, que éstos son vecinos de los piojos y caspa de la cabeza y de la cera de los oídos, cosa que dice claro la ventaja que les hace el serenísimo ojo, del culo. Y si queremos subtilizar más esta consideración, veremos que en los ojos de la cara suele haber por mil leves accidentes, telillas, cataratas, nubes y otros muchos males; mas en el del culo nunca hubo nubes, que siempre está raso y sereno; que, cuando mucho, suele atronar, y eso es cosa de risa y pasatiempo. Pues decir que no es miembro que da gusto a las gentes, pregúnteselo a uno que con gana desbucha, que él dirá lo que el común proverbio, que, para encarecer, que quería a uno sobremanera, dijo: “Más te quiero que a una buena gana de cagar”. Y el otro portugués, que adelantó más esta materia, dijo: “Que no había en el mundo gusto como el cagar si tuviera besos.” Pues ¿qué diremos si probamos este punto con texto del filósofo que dijo:

No hay contento en esta vida
que se pueda comparar
al contento que es cagar.

Otro dijo lo descansado que quedaba el cuerpo después de haber cagado:

No hay gusto más descansado
que después de haber cagado.

Francisco de Quevedo y Villegas en Gracias y desgracias del ojo del culo, 1628

 

3 de febrero de 1972. Carta de Alfonso Canales a C. J. C.

Etiquetas

, ,

Querido Camilo José:

Con mucho gusto te relataré el incidente a que te refieres  en tu carta. La cosa ha acaecido en Archidona, muy cerca de donde se halla la célebre Peña de los Enamorados. Una pareja —no consta que fueran novios formales— se encontraba en el cine, deleitándose con la contemplación de un filme musical. La música o las imágenes debían ser un tanto excitantes, porque a ella, según tiene declarado, le dio —no sabe cómo—  el volunto de asirle a él la parte más sensible de su físico. El cateto debía ser consentidor, pues nada opuso a los vehementes deseos de su prójima. Dejola hacer complacido,  sin previsión de las consecuencias que habría de tener su regalada conducta.

Según parece, el manipulado, hombre robusto por demás, era tan virgen como López Rodó o, al menos, llevaba mucho tiempo domeñando sus instintos. El caso es que, en arribando al trance de la meneanza, vomitó por aquel caño tal cantidad de su hombría, y con tanta fuerza, que más parecía botella de champán, si no géiser de Islandia.

Los espectadores de la fila trasera, y aun de la más posterior, viéronse sorprendidos con una lluvia jupiterina, no precisamente de oro. Aquel maná caía en pautados chaparrones, sin que pareciera que fuese a escampar nunca. Alguien llamó airadamente, identificando el producto e increpando con soeces epítetos al que lo producía en cantidades tan industriales

Se hizo la luz. El cateto pensó que la tierra, en eso de tragarse a los humanos, obra con una censurable falta de oportunidad. Doblemente corrido, trataba en vano de retornar a su nido la implacable regadera. Su colaboradora ponía cara de Santa Teresita de Lisieux, aunque con más arrebol en las mejillas. Ambos fueron detenidos y conducidos a la presencia judicial, lo que ocasionó que se incoara el oportuno sumario por escándalo público, a falta de otra tipificación más especificadora.

El Juez hizo el ofrecimiento de acciones a los poluidos,  quienes no sólo quedaron enterados, sino que presentaron justificantes de los daños y perjuicios. Un prestigioso industrial incorporó a los autos la factura del sastre que había confeccionado su terno, que devino inservible. Y una señora, de lo más granado de la sociedad archidonense, presentó la cuenta de la peluquería donde, al siguiente día, hubo de hacerse lavar el cabello (el Fiscal no acaba de explicarse cómo pudo pasar la noche sin un lavado casero de urgencia).

Como primera providencia, puesto que así lo imponen las reglas de la moral, los intérpretes del raro suceso han contraído honesto matrimonio. ¡Gran equivocación! Imagínate lo que hubieran podido prosperar, en cualquier parte del  mundo, tanto el prepotente poseedor de la manguera como su eficaz parten aire.

La causa está ahora en trámite de calificación. Cuando se dicte la sentencia, te proporcionaré una copia. Será un documento acreditativo de las reservas, no meramente espirituales, de nuestra recia estirpe. Un fuerte abrazo,

Camilo José Cela en La insólita y gloriosa hazaña del cipote de Archidona, 1977

Flowers in the window

Etiquetas

, ,

When I first held you I was cold
A melting snowman I was told
But there was no-one there to hold before
I swore that I would be alone for ever more
Wow look at you now
Flowers in the window
It’s such a lovely day
And I’m glad you feel the same
Cause to stand up, out in the crowd
You are one in a million
And I love you so
Lets watch the flowers grow

There is no reason to feel bad
But there are many seasons to feel glad, sad, mad
It’s just a bunch of feelings that we have to hold
But I am here to help you with the load

Wow look at you now
Flowers in the window
It’s such a lovely day
And I’m glad you feel the same
Cause to stand up, out in the crowd
You are one in a million
And I love you so
Lets watch the flowers grow

So now we’re here and now is fine
So far away from there and there is time, time, time
To plant new seeds and watch them grow
So there’ll be flowers in the window when we go

Wow look at us now
Flowers in the window
It’s such a lovely day
And I’m glad you feel the same
Cause to stand up, out in the crowd
You are one in a million,
And I love you so
Lets watch the flowers grow
Wow look at you now
Flowers in the window
Its such a lovely day
And I’m glad you feel the same
Cause to stand up, out in the crowd
You are one in a million
And I love you so
Let’s watch the flowers grow
Let’s watch the flowers grow

Travis en Flowers in the window en The invisible band, 2001

7 de julio

Etiquetas

, ,

—¿Y qué desatino vas a cometer? ¿Es un crimen?

—También puede serlo. ¡Qué desgraciado soy! Me he  metido en un torbellino espantoso y no puedo salir de él. Si  el hombre tuviera fuerzas para vencer la atracción poderosa  que le arrastra de aquí para allí y le hace dar mil y mil  vueltas, no sería hombre: sería Dios. Lo que no puede un  astro que es tan grande, ¿lo ha de poder un miserable  hombre?

—¿Pues no ha de poder? Un astro es un pedrusco y un  hombre es un alma —dijo Sola con inspiración.

Precisamente el alma es la que se pierde, porque es la  que se fascina, la que se engaña, la que sueña mil bellezas y  superiores goces, la que aspira con sed insaciable a lo que  no posee y a hacer posible la imposibilidad, y a querer estar  donde no está, y a marchar siempre de esfera en esfera  buscando horizontes.

—Pues adelante, sigue. ¿Quién te estorba?

—Nadie… pero yo quisiera que alguien me estorbase,  quisiera hallarme en ese estado de esclavitud en que  muchos están; tener una cadena al pie como los presidiarios.  Puede ser que entonces viviera tranquilo y me curase de  este mal de movimiento que ahora me consume. ¿No crees  lo mismo?

Benito Pérez Galdós en 7 de julio, 1876

El Grande Oriente

Etiquetas

, , ,

Gil de la Cuadra estaba encerrado en un calabozo de otra crujía, y no gozaba de la preeminencia de vistas a la calle. En su encierro había bastante claridad, y tenía mejores muebles que Vinuesa, entre ellos una cama en alto. También su puerta se ornaba con inscripciones; pero en lo interior no las había. Mortificábanle principalmente los gritos, cantos y disputas de los milicianos nacionales, que tenían su cuerpo de guardia en el zaguán, y que alborotaban en el patio mucho más de lo conveniente.
Bastante después del encierro sintiose atacado de dolores en las articulaciones de las piernas, y no dudó que su reumatismo constitucional le iba a hacer una nueva visita. Guardó cama, resignándose al suplicio de sus dolores con paciencia cristiana, y tuvo varias alternativas de alivio o recrudescencia. A falta de auxilios médicos, disfrutó de los cuidados de un calabocero algo piadoso, que por haber padecido del mismo mal, no sólo poseía recetas y cierta ciencia práctica, sino también una compasión hacia todos los reumáticos.
De esta manera transcurrieron muchos días. Lo que más hondamente perturbaba la naturaleza moral y física del ex-oidor era la incomunicación y con esta la negra tristeza en que vivía, si aquello era vivir. Solo, febril, contemplando perpetuamente su situación, midiendo sin cesar la considerable distancia que le separaba de su hija, pasaba las largas horas del encierro, y veía la lenta serie de noches y días, marchando como las ruedas de una máquina de tormento. A ratos oraba, a ratos derramaba amargas lágrimas; por breves momentos recibía consuelo de su propia imaginación, representándose la libertad y la paz de su casa; pero estas bellas sombras pasaban pronto, y el calabozo le ponía delante sus cuatro paredes inalterables. Conocido el estado de su ánimo, lleno de amargura, se comprenderá cuáles serían su asombro y emoción al ver que un día se abrió la puerta del calabozo, que entró un hombre, y que en aquel hombre reconoció, después de congojosas dudas, la persona auténtica de Salvador Monsalud.
Este corrió a abrazarle y Gil de la Cuadra se desmayó de alegría.
—¡Mi hija, mi hija!… —murmuró cuando recobraba el uso de la palabra—. ¿Ha muerto?, ¿vive?
—¡Ánimo, Sr. Gil! —gritó Monsalud—. Pronto verá usted a su hija, que está buena como nunca, y muy contenta al saber que pronto estará usted libre.
—¡Yo libre! —exclamó el anciano abrazando a su amigo.
—Todavía no; pero pronto será.
—¿Y Anatolio?
—No ha venido aún.
Siguió haciendo preguntas, menudeándolas con tanta prisa que casi no daba tiempo a la contestación, y al fin se ocupó de su causa que había dejado para lo último. Monsalud, en breves términos, le explicó, si no todo, gran parte de lo que había hecho, así como las circunstancias de su presencia en la cárcel y el destino que desempeñaba.
—Tengo la seguridad —dijo—, de que conseguiré un objeto en el cual he empleado tanta actividad, tanta fuerza, tanta paciencia. La santidad de la obra emprendida, que es el cumplimiento de una de las primeras leyes cristianas, me hace creer que esta vez, como otras, mi trabajo no será estéril. He sufrido contrariedades, amigo mío, contrariedades graves; pero al mismo tiempo he empezado a conocer uno de los mayores goces que puede sentir el hombre y que hasta ahora…
—No había usted conocido.
—Al menos en tan alto grado.
—El goce incomparable de hacer bien a un semejante —dijo Cuadra con voz balbuciente por la emoción.
—Ese, sí, y el de poder dar forma al agradecimiento expresándolo en hechos.
—¡Oh!, sí, también es un goce inaudito.
—Y tranquilizar la conciencia.
—Es verdad.
—Porque el recuerdo de las grandes faltas —añadió Monsalud—, no se atenúa sino con la práctica constante de buenas acciones.
—También, también.
—Todo me anuncia que esta vez mi afán no tendrá, como otras veces, un éxito desdichado. El corazón mío, que es la desconfianza misma, me está diciendo ahora: «triunfamos, triunfamos de seguro». Será usted libre, amigo mío, y lo será pronto. Sólo le recomiendo a usted un poco de paciencia. Consuélese usted con saber que me tiene muy cerca, y que estoy discurriendo los medios de rematar nuestra obra.
Gil de la Cuadra, arrojándose en brazos de su protector, lloró como un niño.

Benito Pérez Galdós en El Grande Oriente, 1876

From the dusty mesa

Etiquetas

,

From the dusty mesa
Her looming shadow grows
Hidden in the branches of the poison creosote
She twines her spines up slowly
Towards the boiling sun
And when I touched her skin
My fingers ran with blood

In the hushing dusk under a swollen silver moon
I came walking with the wind to watch the cactus bloom
And strange hands halted me, the looming shadows danced
I fell down to the thorny brush and felt the trembling hands

When the last light warms the rocks
And the rattlesnakes unfold
Mountain cats will come to drag away your bones

And rise with me forever
Across the silent sand
And the stars will be your eyes
And the wind will be my hands

Handsome Family en Far from any road, 2003

Barbecho

Etiquetas

,

Del lat. vervactum.

1. m. Tierra labrantía que no se siembra durante uno o más años.

2. m. Acción de barbechar.

en barbecho.

1. loc. adj. Dicho de una tierra labrantía: Que no se siembra durante un tiempo para que descanse.

firmar alguien en barbecho, o como en un barbecho.

1. locs. verbs. coloqs. Hacerlo sin examinar lo que firma.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados